Abstract Sculpture - Ernesto Oñate

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ABSTRACT SCULPTURE
Tanto en la música como en las artes plásticas, las armonías de la composición nos fascinan y atrapan en el entusiasmo del deseo de comprensión. Es la emoción que eleva nuestro espíritu, conmovidos por un impulso desconocido, al deleite de la bondad, la verdad y la belleza.
El entusiasmo desemboca en un sentimiento de felicidad, cuyo recuerdo nos conducirá a desear revivirlo participando nuevamente en su expectación.



En el silencio, uno puede ver la música, las formas, el color; es el estado de la creación; donde todo es reflejo de uno mismo. Aquí nada existe y todo puede ser creado para ser experimentado. En este estado uno se da a sí mismo. Es la posibilidad de estar estando, AHORA, para ser siendo. (Percepción, sentimiento, emoción, silencio).





Abstraer la abstracción.
El color negro se mimetiza en la oscuridad,
es nada sin posibilidad.
El blanco es nada en la luz,
es silencio profundo lleno de posibilidades.
Entre la oscuridad absoluta y la luz cegadora los colores nos cuentan cosas.
Homenaje a Victor Vasarely.

El reto es conjugar “menos es más”,  “la riqueza de la diversidad” y “la emoción de lo singular”... (El reto de la emoción).





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Conversaciones
sobre arte, comunicación y #conciencia


Los deseos
El deseo impulsa la vida.
Desear es propio de la naturaleza humana.
Los deseos son la forma de expresión de la necesidad de perfección del alma.
Los deseos son el impulso vital para el crecimiento, la evolución y el desarrollo como personas y como sociedad.
Cuando los deseos se mantienen en satisfacer las necesidades básicas y el desarrollo de la sociedad evoluciona a imponer cada vez más necesidades básicas, el apego a esas cosas nos aleja del deseo de elevarnos a necesidades de los niveles de realización más espiritual, los no materiales.
El deseo lo debemos ver como un camino que necesita del desapego de las necesidades y deseos de un nivel, para subir al siguiente. El flujo de la vida nos pide dejar unas cosas para pasar a otras, sin embargo nuestro apego a los logros nos ata al pasado. La memoria y los recuerdos nos ocupan el pensamiento y perdemos la perspectiva del camino para elevarnos a desear necesidades de mayor transcendencia para el alma.
Este camino debemos comprenderlo de tal manera que cada deseo es un paso hacia el deseo vital de conocer nuestra verdadera naturaleza.
Debemos regocijarnos con el disfrute del cumplimiento de cada deseo y prepararnos para saber abandonarlo con la consecución del deseo siguiente. Vivir con desapego es el secreto de la verdadera felicidad que nos conduce a la consecución de los deseos más elevados.
El artista debe ser maestro y guía, mediante el inmenso poder de su lenguaje, para penetrar en la conciencia del espectador mostrándole las bondades de los niveles que están más allá de las necesidades básicas de la supervivencia, de la seguridad o del poder y de todo lo que supone un enfrentamiento a la vida desde el miedo y desde la lucha.
-   Ernesto Oñate


El deseo de comunicar
“El arte es la idea.” (Marcel Duchamp).
Yo interpreto que la intención de esta idea está en oponerse al arte que meramente tiene la intención de imitar la naturaleza desde uno u otro estilo, con uno u otra intención representativa y cuyas intenciones finales no van más allá de poner de manifiesto unas teorías de representación, que al final se quedan en meros estilos de cada uno de los autores que las abordan.
Interpreto que la intención es introducir en la conciencia del mundo del arte la idea de que el arte es más que imitación de la naturaleza (realidad), que es el medio poderoso para comunicar, que la idea es imprescindible para que el mensaje adquiera sentido de ser; que una carta escrita con la única pretensión de explicar la bondad, perfección y características de su caligrafía, tiene un sentido, un valor y un interés muy relativos.
Interpreto que Duchamp concentra en esta frase su deseo de des-banalizar el arte, para revelar que el mensaje sigue a la idea, Tal como enunció Louis Sullivan en 1896: “La forma sigue a la función”.
Primero es el deseo de comunicar una idea.
El entusiasmo de tener una idea comunicable mediante una obra de arte, es la emoción que imprime en tu alma el deseo que desencadenará la inspiración, cuando te dejes llevar por la intuición, sin memoria.
El filósofo es el creador de ideas. Que puede explicarlas mediante conceptos conocidos, razonados y aprendidos. Sin embargo, una idea nueva contiene siempre qualia que se escapan a la verbalización de conceptos aprendidos. Es necesario un nuevo lenguaje, con qualia que permitan comunicar los qualia que la idea contiene.
Duchamp, con esta afirmación está demandando al genio, la conjunción entre filósofo y artista, en una reacción contestataria a los artistas que meramente hacen alarde de sus técnicas, de la evolución de sus técnicas y del poder comunicador, fascinante y embargador de sus obras.
El deseo creador del filósofo da lugar a la idea fascinante. Es el contenido conceptual que ha de cumplir una función. Aún no hay edificio.
La construcción del edificio nace del deseo creador del artista. El deseo de conformar un mensaje para la idea es el germen del arte.
Tomás de Aquino dice: “Arte es el recto ordenamiento de la razón”.
Adolf Loos dice: “El arte es la libertad del genio”.
El entusiasmo de tener una idea fascinante, comunicable mediante una obra de arte, es la emoción que imprime en el alma el deseo que desencadenará la inspiración, cuando el artista se deja llevar por la intuición, sin memoria.
-   Ernesto Oñate


Form follows function, el mensaje a la idea
Si ya tienes la idea, ¿qué deseas hacer con ella?, ¿qué sentimiento deseas forjar?
La composición plástica es el arreglo de ingredientes con capacidad de transmitir qualia que, más allá de conceptos convencionales, expresen la idea inefable que, aun estando en la mente del artista, no cesa de emanar desde su alma.
Vitrubio en De architectura afirma que una estructura debe ser sólida, útil y hermosa.
Louis Sullivan acota esos tres principios diciendo (1896): “Ya sea el águila en pleno vuelo o la flor de manzano abierta, el incesante trabajo de los caballos, el cisne alegre, la ramificación del roble, el arroyo que serpentea en su base, las nubes a la deriva, sobre todo el sol que surca, la forma siempre sigue a la función, y esta es la ley. Dónde la función no cambia, la forma no cambia. Las rocas de granito, las colinas siempre inquietantes, permanecen durante siglos; el rayo, viene, toma forma, y muere, en un abrir y cerrar de ojos.
Es la ley que prevalece a todas las cosas orgánicas e inorgánicas, de todas las cosas físicas y metafísicas, de todas las cosas humanas y todas las cosas sobrehumanas, de todas las verdaderas manifestaciones de la cabeza, del corazón, del alma, que la vida es reconocible en su expresión, esa forma siempre sigue a la función. Esta es la ley.”
Picasso dice en las declaraciones hechas a Marius de Zayas en 1923, que se publicaron en la revista The Arts (NY) en mayo de ese año: En el arte no basta con intenciones… Lo que cuenta es lo que se hace y no lo que se tenía la intención de hacer”.
En arte, cualquier idea vale, cualquier intención de antemano vale, para crear una composición plástica que impacte fascinando y embargue de emoción. La idea que se quiere transmitir y la intención de su impacto son la función para la que hay que crear una forma, el cuerpo del mensaje, la expresión, que llevará implícitos unos principios compositivos; los principios que determinarán que pueda ser arte, que el arte suceda.
¿Qué nos fascina, siempre, de un rayo? El potencial de su carga eléctrica, no. Tampoco saber cómo y por qué se produce. Nada que tenga que ver con su función. Nos fascina y nos conmueve su aparición inesperada en el suspense silencioso de su espera, la luminosidad zigzagueante, la velocidad de su movimiento, los cambios de dirección imprevisibles describiendo una trayectoria desconocida, su fugacidad, y al final, el estruendo sobrecogedor de su trueno. ¿Dónde se encuentran los qualia que encuentran paralelismo con la obra de arte? No es en la idea (función), sino en la forma.
Los principios compositivos, que conducen la composición plástica a su impacto como obra de arte, son un conjunto de normas o directrices que, fundamentalmente, intervienen en la intención de crear armonía.
La unidad es la calidad de totalidad, el fin último de la composición, que se logra mediante la aplicación de los principios compositivos a los elementos que la forman. Es el principio del orden estético, que se logra en la ordenación de los elementos, en las relaciones entre estos, con la ponderación (equilibrio) de las fuerzas que se generan en estas relaciones.
La variedad (riqueza) es la calidad de estar compuesta por diferentes formas, tamaños, colores, texturas, contrastes, énfasis, etc., que da interés al diseño y enriquece el concepto de la composición plástica.
El equilibrio es la organización de los elementos (objetos) que controla que ninguna parte del conjunto de elementos domina sobre el resto. La simetría y la composición radial son los recursos más obvios en este sentido; también se alcanza con asimetrías y balances.
La proporción es la relación entre los tamaños de los diferentes elementos (objetos) de la composición.
Los contrastes son las diferencias, de formas, tamaños, colores, texturas, etc., entre los diferentes elementos (objetos) de la composición.
Consonancia es la relación de conformidad o correspondencia que tienen algunas cosas entre sí.
Disonancia es la falta de la conformidad o proporción que naturalmente debe tener algo. Es la percepción de estar fuera de razón.
Los patrones rítmicos son las secuenciaciones en la disposición de los elementos (objetos).
Armonía es el equilibrio de las proporciones entre las distintas partes y propiedades de un todo. Su resultado siempre connota belleza.
El movimiento, que guía el recorrido de la mirada  del espectador, es causado por la disposición de los distintos elementos (objetos), bajo las normas de los principios compositivos.
La idea que se quiere transmitir y la intención de su impacto son la función para la que hay que crear una forma, el cuerpo del mensaje, la expresión, que llevará implícitos los principios compositivos que determinarán que pueda ser arte, que el arte suceda.
-   Ernesto Oñate

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