Huellas de pensamiento - Ernesto Oñate

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Huellas de pensamiento

Conversaciones
sobre arte, comunicación y #conciencia

Hacia el silencio, deja el dinero y corre
De experiencia en experiencia, la vida es un movimiento continuo.
La vida, como experiencia global transcurre en un movimiento continuo entre cuatro niveles de experiencias. Esta estructuración tiene lugar desde el primer nivel, el nivel de las experiencias del razonamiento; el nivel donde todo necesita ser analizado y estructurado.
Bien, desde este primer nivel, podemos distinguir: la percepción, los sentimientos, las emociones y el silencio. Estos son los cuatro niveles de experiencias o estados por los que transcurre la vida.
Podemos transitar por estos cuatro niveles sin orden, a pesar de vivir de forma recurrente transitando desde el primer nivel, el de los paradigmas que nos hacen creer que todo es como razonamos, al segundo nivel, el de los sentimientos, creadores de los paradigmas que nos atrapan.
Son cuatro niveles de consciencia, diferenciados, por los que nos podemos mover de forma voluntaria. Sin embargo, a lo largo de la vida, nos vamos construyendo un piloto automático, con memoria, pautas razonadas y patrones de experiencia, al que le dejamos el volante para permanecer en un estado de pereza, al que llamamos confort, que nos aprisiona la voluntad para mantenernos secuestrados en unos sentimientos de los que nuestro razonamiento no nos sabe liberar cuando se  sustenta en paradigmas equivocados.
Observamos la vida, desde el nivel de la percepción, como una magnitud de tiempo. Sin embargo, desde el silencio la experiencia del tiempo se desvanece y podemos observar percepciones, emociones, sentimientos, cómo vivimos estas experiencias y cómo las transitamos. Desde el silencio, podemos experimentar el estar, para ser.
Así, ante la necesidad de mensurar la vida, la magnitud para medirla no debería de ser el tiempo, sino el recorrido de experiencias vividas. El tiempo es la magnitud para analizar la velocidad con que se vive, lo que también llamamos la intensidad con la que se vive.
Por tanto, las cuestiones a analizar deberían de ser: ¿cuánto tiempo dedico a las experiencias que deseo y cuánto a las que no deseo?, ¿Qué experiencias intuyo, que no les doy lugar?
El libre albedrío es la libertad para poner voluntad en estar, para ser lo que se desea. Los sentimientos conducen a las realidades donde se pone la imaginación.
De la película de Woody Allen, "Toma el dinero y corre", podemos extraer la idea que nos hace ver que el fatalismo es consecuencia de la falta de voluntad, para permanecer en los sentimientos de la consecución de nuestras metas, para estar en los sentimientos que nos conducen al silencio, donde somos capaces de lograr nuestros ideales.
 
El nivel de la percepción
La percepción es la adquisición de un conocimiento o una idea. Es conocer o comprender algo.
Nuestros cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto son receptores para la información que, en el mundo que nos rodea, tenemos a nuestro alcance. La información que percibimos a través de nuestros cinco sentidos es energía, de diferentes formas, que la captamos o percibimos como sensaciones o impresiones.
Este es el nivel de las experiencias cognitivas, tanto exteriores a nosotros, como propias, de nuestro propio cuerpo.
También es el nivel del razonamiento y del pensamiento crítico: valoramos y enjuiciamos.
 
El reconocimiento de uno mismo.
La percepción comienza por el reconocimiento de uno mismo, de sentirse. Somos conscientes de nuestro pensamiento y de nuestro cuerpo.
 
El hallazgo de las cosas.
El deseo de conocer es intrínseco al alma humana.
El entendimiento es la facultad que nos permite conceptualizar los conocimientos. Es intrínseco al alma humana y evidencia de la dualidad de materia y espíritu.
El conocimiento es la información elaborada mediante razonamiento y que guardamos en la memoria.
 
La memoria.
La memoria es la facultad psíquica por medio de la cual se retienen y recuerdan los conocimientos y las ideas. Es nuestro almacén de conocimientos y de las experiencias vividas.
 
El razonamiento.
La razón es nuestro mecanismo para analizar y elaborar la información obtenida a través de nuestros cinco sentidos junto con el conocimiento que almacenamos en nuestra memoria.
También llamamos experiencias a los recuerdos de procesos vividos, analizados y razonados.
 
La conciencia.
Entendemos por conciencia la actividad mental del propio sujeto que permite sentirse presente en la realidad, con conocimiento del bien y del mal que le permite enjuiciar moralmente la realidad y los actos.
 
Los paradigmas.
Paradigmas refiere a las ideas, pensamientos o creencias, que se asumen como verdaderos, en el sentido de modelo ejemplar. Son los basamentos de las estructuras de nuestras creencias para discernir lo verdadero, lo bueno, lo posible, etc. de sus antagónicos.
 
La imaginación.
La imaginación es la facultad para formar nuevas ideas, especulando con los conocimientos y las experiencias de la memoria para transformarlos en nuevos estímulos y realidades. Es un proceso creativo.

El nivel de los sentimientos
Los sentimientos son experiencias subjetivas de carácter cognitivo consciente e inconsciente. Son siempre resultado de las emociones, como consecuencia de tomar consciencia de ellas, tras comprenderlas y emitir juicio de ellas, y también consecuencia subjetiva de información subconsciente. Por tanto son suma de emoción y pensamiento.
Los sentimientos son emociones conceptualizadas, es decir, son representaciones mentales de las emociones y de sus efectos fisiológicos, a las que se les ha asignado significado. Y por ser consecuencia de comprensión y juicio de las emociones, los percibimos como positivos o negativos y según estas cualidades nos afectan anímicamente.
Los sentimientos suelen perdurar en el tiempo, mientras se mantienen de forma consciente en la mente, mientras nuestro consciente dedique tiempo a pensar en ellos.
En este nivel se gestionan los sentimientos derivados del pensamiento crítico, de los cambios, de la comprensión de lo diferente y la diversidad y de la reafirmación de la personalidad.
 
Empatía.
La empatía es la capacidad de identificarse con algo o alguien y compartir sus sentimientos o la emoción que le embarga.
La empatía da lugar a sentimientos de afecto, cariño, ternura, amistad, simpatía,  comprensión, entendimiento, afinidad, apoyo, solidaridad, compasión, pena, lástima, condolencia, aflicción, piedad y misericordia entre otros muchos.
 
De la percepción al sentimiento.
Las cosas y las ideas que percibimos las sometemos, de forma automática, a análisis y evaluación mediante comparación con  nuestros paradigmas.
Conducidos por el piloto automático, desde las percepciones nos dejamos llevar a sentimientos conocidos y arraigados en nuestra memoria, que por redundancia se han convertido en conductas recurrentes.
 
El ego.
Yo, es el reconocimiento como individuo, consciente de la propia identidad y la relación con lo exterior, el mundo. El concepto yo comprende los conceptos de conciencia y cognición.
Yo es el punto de referencia deíctico personal que define la amplitud de lo propio, tanto físico como psíquico: mi cuerpo, mis pensamientos, mi imaginación, mis sentimientos, mis emociones y mi consciencia de todo ello.
El ego es la valoración del yo. El ego navega en el océano de los sentimientos, se observa, se critica, se imagina y razona sobre sí mismo en demanda de un yo ideal.
 
El apego.
El Apego comprende sentimientos de interés, inclinación, atracción, cariño, afecto, simpatía, que se tienen respecto a lo propio y que se cuida y defiende con interés, empeño y ahínco.
 
El encuentro con los sentimientos de amistad, ternura, compasión.
La amistad es un sentimiento compartido, de afecto personal, libre y desinteresado, que nace con el diálogo, al descubrir entendimiento, comprensión, afinidad, conexión y simpatía, y se fortalece con el trato desarrollando sentimientos de cariño, ternura y compasión.
El diálogo da lugar a la amistad y la amistad conduce a los sentimientos que nos elevan a los valores de verdad y bondad y al desapego de lo material. Por tanto, la demanda de un yo ideal encuentra su semilla en el diálogo.
 
Sentimientos, estados del ser.
Los sentimientos nos conducen a estados de lo que soy.
El yo ideal lo encontramos trascendiendo, razonadamente, los sentimientos que nos separan de los demás, que son contrarios al encuentro, al diálogo y a la amistad.
En el encuentro, la amistad refleja nuestros valores de verdad y bondad en sentimientos recíprocos  a los nuestros. La amistad se comporta como un espejo en el que podemos mirarnos.
 
Movimiento entre los sentimientos.
Cuando el apego es a cosas materiales, obviamente no existe la posibilidad de sentimientos compartidos. Las cosas son inertes a los sentimientos. Entonces, los sentimientos de miedo, reflejos del apego y opuestos a la verdad y bondad, nos alejan de nuestro yo ideal.
Vemos que el apego tiene dos vertientes por las que movernos, los sentimientos derivados del diálogo y el encuentro con la amistad y los sentimientos derivados del miedo. A su vez, en estas dos vertientes creamos paradigmas antagónicos. Por un lado los derivados del miedo, que nos atrapan, en una involución permanente, a una realidad de experiencias hostiles y asfixiantes. Por otro lado, al trascender el miedo, los paradigmas de confianza nos liberan y podemos elevarnos a estados de alegría que conducen a experiencias de encuentro con la amistad y con el yo ideal.
 
Ejercer auto liderazgo.
La voluntad equivale al punto de apoyo, que pedía Arquímedes, para mover el mundo.
Los sentimientos perduran en el tiempo, mientras se mantienen de forma consciente en la mente, mientras nuestro consciente dedica tiempo a pensar en ellos.
El libre albedrío es la libertad para poner voluntad en estar, para ser lo que se desea. Manteniendo nuestros pensamientos en sentimientos ajenos al miedo, estos acaban por desvanecerse.
La conquista del yo ideal se ejerce desde el auto liderazgo, conscientes de nuestro libre albedrío y del valor de la voluntad, para mantener nuestros pensamientos en sentimientos que se basan en paradigmas de confianza en la consecución de nuestros ideales y nuestros sueños. Manteniendo los sentimientos en la alegría de las metas alcanzadas, progresamos continuamente hacia la libertad deseada, hacia la verdad y la bondad.
“No mires las fronteras…
La hierba que crece a ambos lados las cubrirá.
Desaparecerán, como desaparece todo lo que no se mira.
¡Mira!, mira la hierba que crece…”
 
Los deseos.
Entendemos por deseo: el movimiento afectivo hacia algo que se apetece, el anhelo a la posesión o disfrute de algo y aspirar con vehemencia a que acontezca o deje de acontecer algún suceso.
A cada deseo le precede un sentimiento. Por tanto, los deseos son la consecuencia final de las emociones.

El deseo, crear desde los sentimientos.
El deseo tiene dos vertientes, una con sentimientos de carencia y proclive al miedo y al fracaso por una visión de lejanía de las metas y persistencia en la visión de los obstáculos. Y otra vertiente donde el auto liderazgo nos sitúa en el camino al triunfo, en la visión desde sentimientos de metas alcanzadas, manteniendo voluntad en controlar los pensamientos que pueden bailar entre el miedo y la confianza. Es un proceso creativo desde la imaginación para vernos en las metas y estar en los sentimientos de la alegría de su consecución, conscientes de que de esta manera estamos en el buen camino.
La consecución de los deseos es un trabajo de creatividad, capaz de mantener la voluntad en mirar los sentimientos que armonizan el estar estando con las metas para  ser siendo.

El deseo de la comunicación.
Éste también es el nivel de la comunicación: vivimos en sociedad y ésta se fundamenta en la comunicación. Necesitamos comunicar ideas y expresar sentimientos. El deseo de comunicación también parte de los sentimientos.
Como consecuencia del razonamiento, del pensamiento crítico y de los sentimientos que crean el deseo de comunicar, la creatividad está presente en este nivel.
La creatividad en la comunicación es la capacidad de evolucionar nuestro lenguaje y conformar mensajes que, más allá de describir nuestro estado sentimental o emocional, tratan de implicar y de contagiar los sentimientos. Esta intención consciente y creativa da lugar al arte.
 
Crear desde los sentimientos. Los atributos de miedo.
Desde la vertiente del miedo no existe el interés por la belleza. Aparece el arte de la confrontación, de la reivindicación, de la transgresión y, al perder el interés por el arte, aparece el arte de la ruptura con el arte. (“La fuente” de Marcel Duchamp y Elsa von Freytag).
Desde esta vertiente el arte está al acecho de empatías con las emociones derivadas del miedo y el sorprender es el atributo más buscado (perseguido), para fundamentar en la sorpresa su valor artístico. (Damien Hirst: “¡Joder! ¿Qué es eso?”).
Este es el arte del artificio y del estruendo, de la mascarada y del hábito, de lo abrupto y del hedor (que no es arte vacío de ideas, pero a veces son ideas vacías de arte, que aunque sorprenden y por tanto dan lugar a una emoción, no por emocionar son arte, ¿o sí?).
Definitivamente sí, la concepción de arte es tan amplia como la imaginación y cabe el arte sin armonía. (Duchamp: “El arte es la idea.”)
Éste es el arte que tiene su origen en las emociones, es el mensaje que se elabora desde unos sentimientos para sorprender y emocionar, seguro de conectar con empatías afines a esos sentimientos que lo han conformado; y por supuesto, el arte sucede.
Este arte, que deliberadamente ha desdeñado la armonía y la búsqueda de la belleza basada en verdad y bondad, logra emociones y sucede como arte. Sin embargo no sucede el entusiasmo y por tanto da lugar a sentimientos distintos a los que emanan del entusiasmo.

Crear desde los sentimientos. Los atributos de libertad.
Desde la vertiente de libertad es posible transmitir entusiasmo. Desde esta vertiente el deseo de crear arte, belleza, aparece unido a otros deseos creativos y cualquier función abordada desde esta vertiente se funde con el arte. Desde esta vertiente el diseño (todo se diseña) se aborda como función comunicativa artística para transmitir (contagiar) verdad, bondad y belleza.
La función estética inherente en la obra artística puede ser expresión sublime de vivir el placer de la belleza o de cualquier otro carácter sentimental. Esta función es intrínseca a la obra artística y le confiere la cualidad esencial de fascinar.
La cualidad estética, en la obra de arte, puede ser de carácter fundamentalmente simbólico o representativo de la emoción, y por tanto es la narración de una emoción, o bien puede ser en sí el hecho desencadenante de la emoción, como ocurre en las artes temporales en las que el arte tiene lugar durante la interpretación, y no reside en la partitura, que es simplemente la guía para que el arte se produzca.
El arte, en su función simbólica trasciende su simple materialidad para revestirse de una simbología, como forma de expresión o medio de comunicación. Es símbolo en un lenguaje con el que se expresa una idea, que trata de transmitir y contagiar la participación en un sentimiento, que debe ser descifrable por el grupo social al que va dirigida.
Atendiendo a las características de estas tres funciones inmutables y fundamentales de la obra artística, el artista se expresa mediante su obra y la propone como obra de arte, cargada con un contenido emocional, o de lo que es símbolo, pero es el receptor, o el grupo social al que va dirigida, el que la eleva a la categoría de arte al sentirse afectado por el sentimiento o la emoción que el artista ha querido transmitir en el momento de la creación. Es en el momento de interpretación de la partitura, en el que se escucha la música y se eleva la emoción del espectador cuando el objeto se convierte en arte. Solo si existe esa posibilidad podemos decir que hay arte, encerrado en la obra.
La obra de arte, como mensaje: tiene su origen en la idea o información que se desea comunicar; contiene la intención de transmitir un concepto sentimental que conmueva o emocione al espectador; y se configura mediante una estética de complacencia o desagrado.
Para Casiodoro (c. 487-583) el arte tiene tres objetivos: enseñar, conmover y complacer.
La búsqueda de la belleza, del arte, es un viaje hacia el silencio. Es un viaje para el que hay que deshacerse de todo equipaje, para caminar ligero de apegos. Para subirse a lomos de la inspiración, andando, trotando y cabalgando, sobran todos los ropajes. Al arte le gusta aparecer desnudo y silencioso, armonías desnudas y silenciosas.

El nivel de las emociones
La emoción tiene origen en una percepción subjetiva, que da lugar a la comprensión de una idea novedosa, que sorprende al considerarla extraordinaria. Es un proceso transitorio, que precede y da lugar a sentimientos.
La emoción es una reacción psicofisiológica, instintiva e involuntaria, ante una percepción externa a través de nuestros sentidos o interna mediante un pensamiento; es temporal, breve y efímera.
Las emociones son un conjunto de respuestas neuroquímicas y hormonales ante el estímulo de una percepción. Crean reacciones bioquímicas en el cuerpo que alteran el estado físico. Son energía que se mueve a través de nuestro cuerpo. Por ser una reacción física, es observable en micro expresiones faciales y lenguaje  corporal, y es susceptible de medirse objetivamente mediante las variaciones del flujo sanguíneo y de la actividad cerebral.
La emoción aparece por sorpresa, de forma espontánea e inconsciente, nos impacta, nos saca de nuestro estado habitual y nos motiva e impulsa a la acción. La novedad es el aspecto principal que diferencia a las emociones de los sentimientos.
 
Entusiasmo, el arte sucede.
El entusiasmo es emoción que nos saca de un estado reflexivo y tranquilo, sorprendidos generalmente por un impulso que nos conmueve hacia la bondad, la verdad o hacia lo bello.
Entusiasmo, desde el nivel de la percepción, es la exaltación y fogosidad del ánimo, excitado por algo que cautiva o causa admiración.
¿Has vivido la emoción de encontrar una flor en un paisaje árido y desértico?
Entusiasmo, desde el nivel de los sentimientos, es la adhesión fervorosa a un ideal, que mueve a favorecer una causa o empeño.
¿Has vivido la emoción de compartir el momento en que tu deportista favorito consigue un triunfo?
El entusiasmo da lugar a sentimientos de euforia, deleite, expectación, alegría, optimismo, satisfacción, reafirmación y bienestar.
El entusiasmo desemboca en un sentimiento de felicidad, cuyo recuerdo nos conducirá a desear revivirlo participando nuevamente en su expectación.
 
Compartir emociones.
La emotividad es la cualidad de comunicar una idea emotiva. Emocionante es lo que causa emoción.
La empatía, ante la circunstancia emotiva que presenciamos nos embarga y une a las personas que están en dicha emoción. Se crea un clima emocionante en el que se comparte la emoción, que conlleva a sentimientos de unión.  
La empatía conduce a las personas a compartir sentimientos elevados. Compartir emociones une lazos entre las personas y las lleva al encuentro con la amistad.
 
Emoción, una experiencia inefable.
Las emociones se comprenden sin palabras y son inefables. Sólo se puede decir: me he emocionado; cuando la emoción ya ha pasado, al tomar consciencia de ella.
Con la emoción tiene lugar una desconexión del ego y una conexión de unicidad con la realidad que causa la emoción.
El enamoramiento, eso a lo que se llama flechazo, es una conexión de unicidad compartida, una unión mística con desaparición de los egos, la supresión de los sentidos en la contemplación del amor, que posteriormente podemos verbalizar como atracción irresistible, deseo de besar,… y recordarla como un estado placentero de exaltación emocional y admirativa, éxtasis y deleite.
La música tiene la capacidad de fascinar, el ritmo nos atrae y canaliza la atención. De pronto nuestras constantes vitales se han acoplado al ritmo de las armonías y somos uno con la música, que se transforma en un sentimiento de deleite que nos mantiene atrapados.
Georg Christoph Lichtenberg dice: Con un gran número de trazos desordenados es fácil configurar un paisaje, pero con sonidos desordenados no se compone música alguna.
En el arte, la aprehensión de armonías en las formas, en los colores, en los sonidos, en las sensaciones nos provocan la fascinación, en un deseo inicial de comprender, y el entusiasmo en el instante de la comprensión de algo inesperado. También nos mantendremos en el deleite de recorrer la obra con el deseo de aprehenderla en su totalidad, y también explicaremos lo material, lo medible,… Pero querremos volver a revivir lo inefable de la obra, los qualia que aún podríamos descubrir y sorprendernos.
James McNeil Whistler afirmó: “El arte es la ciencia de la belleza”, convencido de que el arte debe centrarse en la armonía de colores, se le ve como un precursor del arte abstracto. Quería crear un arte basado en las leyes específicas de la composición, en la que domina el dibujo, como experiencia estética pura, afirmando “Art happens”. Su obra “Nocturno en negro y oro” (1874) nos atrae y nos atrapa en un diálogo sin palabras; nuestra mirada se distrae en un ir y venir, de detalle en detalle, reconociendo ritmos escondidos, que nos lleva a componer nuestra propia música, salpicada de notas sobre un silencio absoluto.
En la expectación, con la emoción sucede el arte. Y, el verdadero valor del arte es el del deseo de revivir una y otra vez las emociones que podemos encontrar en armonías escondidas.
En la creación, con la emoción sucede el arte, en las armonías que aparecen sorprendentemente por inspiración cuando se trata de crear un lenguaje nuevo que envuelva cualquier idea. El verdadero deseo de crear es el deseo de emocionarse y compartir belleza emocionante.
 
La emoción es creadora de realidades.
Las emociones preceden a sentimientos que perduran en nuestro pensamiento; por tanto, son materia prima para nuestro razonamiento crítico, que siempre conduce a intervenir en nuestros paradigmas y, como consecuencia, a cambiar nuestra realidad.
 
El arte, lenguajes creadores de realidades.
El arte son lenguajes emocionantes con el poder de fascinar, sorprender y entusiasmar.
El arte entusiasma y transmite sentimientos, por tanto son lenguajes con capacidad para intervenir en nuestros paradigmas y, como consecuencia, cambiar realidades.
El artista es creador de lenguajes, comunicador de sentimientos y artífice de nuevas realidades.

El silencio
“Cómo esta Alma es noble y cómo no se cuida de nada. Capítulo VII
Esta Alma –dice Amor- no se cuida de vergüenza ni de honor, de pobreza ni de riqueza, de alegrías ni penas, de amor ni odio, de infierno ni paraíso.
[Razón:] ¡Ah, por Dios, Amor!, ¿qué significa lo que estáis diciendo?
¿Qué significa? –dice Amor-. Ciertamente eso lo sabe aquel al que Dios le dio entendimiento y ningún otro, pues las escrituras no lo enseñan, ni sentido humano lo comprende, ni el esfuerzo de las criaturas logra entenderlo o comprenderlo, puesto que es un don concedido por el Altísimo en el que la criatura es arrebatada por la plenitud del conocimiento y no queda nada en su entendimiento. Y esta Alma, que se ha convertido en nada, lo tiene todo y por ello no tiene nada, lo quiere todo y no quiere nada, lo sabe todo y no sabe nada.” (“El espejo de las almas simples” Margarita Perote).

El cuerpo es tan solo vacío, el vacío no es más que el cuerpo. El cuerpo está vacío, y el vacío es el cuerpo. Los otros cuatro aspectos de la existencia humana: sentidos, pensamientos, voluntad y conciencia, también están vacíos y el vacío los contiene. (“El Sutra del Corazón” Avalokitésvara).

Con relación a Él no hay antes, ni después; ni alto ni bajo; ni cerca, ni lejos, ni cómo, ni qué, ni donde, ni estado, ni sucesión de instantes, ni tiempo, ni espacio, ni ser. Él es tal como es. Él es el Único sin necesidad de la Unidad. Él es lo singular sin necesidad de la Singularidad. Él no está compuesto de nombre, ni de denominado, porque Él es el nombre y el denominado. No hay nombre salvo Él. No hay denominado salvo Él. Por ello se dice que Él es el nombre y el denominado. Él es el Primero sin anterioridad. Él es el Último sin posterioridad. Él es Evidente sin exterioridad. Él es Oculto sin interioridad. Porque no hay anterior, ni posterior; no hay exterior, ni interior, sino Él. (“Tratado de la unidad” Muhyi-d-din Ibn 'Arabî).
 
De los sentimientos al silencio, el desapego.
Los sentimientos son estados afectivos del ánimo.
Entendemos por desapego el desprenderse del afecto por alguien o algo.
Desprenderse de los sentimientos es trascender el afecto para contemplar con vacuidad de prejuicios la realidad, privando de juicios la observación.
Contemplar sin afección y sin lugar al juicio, es estar en el silencio.

Participar desde el silencio.
Desde el silencio se participa de la verdad, de la bondad y de la belleza, de nada más.
 
El deseo de crear desde el silencio, la creatividad.
En el silencio, participando de la verdad, de la bondad y de la belleza, está el deseo de crear, el único deseo.
La creatividad, como facultad de crear o capacidad de creación, en términos espirituales, es la predisposición a recibir la inspiración capaz de desarrollar una idea que previamente se formula como un deseo que nace del amor por mejorar nuestro mundo.
La imaginación produce la semilla de la creación, y en conexión con el Deseo Creador da lugar a todo lo que ES.

Armonía, la clave del arte.
Armonía, es la proporción y correspondencia de unas cosas con otras en el conjunto que componen. En música es la unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes pero acordes.
En una composición plástica, es la bien concertada distribución y grata variedad de los elementos que componen un conjunto, de sus medidas y de los espacios que conforman entre ellos y en su entorno.
Tanto en la música como en las artes plásticas, las armonías de la composición nos fascinan y atrapan en el entusiasmo del deseo de comprensión. Es la emoción que eleva nuestro espíritu, conmovidos por un impulso desconocido, al deleite de la bondad, la verdad y la belleza.
Entusiasmo, soplo interior de Dios, desde el nivel del silencio, es la inspiración divina, arrobamiento, furor y arrebato en la creación artística.

La imaginación en el silencio, la inspiración.
En el silencio, la imaginación es guiada por la inspiración, que a veces anda, a veces trota y otras cabalga, y su dictado, que no se puede retener en la memoria, lleva por caminos insospechados de ante mano, dando lugar a la emoción silenciosa del encuentro, descubrimiento, de armonías nunca imaginadas. En ese momento el amor inunda la realidad del creador y no hay nada más que pasión por crear y seguir con vehemencia el dictado, nada más.
La inspiración es el movimiento del Deseo Creador, que Llega e ilumina; es la ilustración o movimiento sobrenatural que Dios comunica a la criatura; es el estímulo que anima la labor creadora en el arte o la ciencia; es la luz interior, que procede del alma, que anima la intención y la voluntad para crear.
TODO comienza en el deseo de crear, que pone en marcha la maquinaria de la imaginación y es imbuido por la verdadera fuerza motriz, el amor, cuando aparece la inspiración.

Crear desde el silencio. La búsqueda de la belleza.
Vassily Kandinsky dice: El arte es comunicar y armonizar con el alma humana mediante el uso correcto de colores y/o formas.
La belleza, atributo emocional del arte, la constituyen a su vez atributos que suceden en el estar presente, en el vacío explicativo y subjetivo que nos es causa de emoción.
En el silencio es la búsqueda de la belleza el interés que guía cualquier tema que se aborda en la creación. Guiada por la intuición, la imaginación espera el soplo divino de la inspiración para crear con entusiasmo en mensaje fascinante y emocionante, al que llamamos arte.
De la abstracción lírica de Kandinsky al action painting de Jackson Pollock, y de las teorías del neoplasticismo  al expresionismo surrealista del grupo CoBrA, todos esos procedimientos, todos esos resultados, son frutos de la inspiración.
La esencia de esa comunicación a la que llamamos arte reside no en la materia, ni en las formas, ni en los colores, sino en las relaciones entre las materias, entre las formas, entre los colores, en los contrastes y armonías que resultan al ponerlos en relación y darles significado, como signos o símbolos tan abstractos como la música o formas figurativas explícitas o con cualquier grado de abstracción. Son relaciones que suceden en un vacío explicativo que está en un nivel diferente a la percepción sensorial. Sucede ajeno al recuerdo, al pasado y al futuro; pertenece únicamente al ahora, al estar presente en el ahora.

Crear desde el silencio. Los atributos de bondad y verdad.
Desde el silencio son la bondad y la verdad los intereses que guían cualquier tema que se aborda en la creación.
-   Ernesto Oñate

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